martes, 4 de mayo de 2010

Mi madre.

Maldita lluvia, ya me mojé los pies otra vez, mañana tendré gripe y una jaqueca que no podré con ella.

Bueno eso pensaba al salir de esa tienda en dónde pasé mi infancia viendo trabajar a mi madre y ver como salía de ese lugar exhausta, pero siempre con una sonrisa en el rostro.

De nuevo lluvia, pensé al caminar, nada es tan real como parece, las gotas parecieran vestir mi cuerpo de una manera tan perfecta, rozaba mi nariz para quedar una gota colgando teniendo que eliminarla con mi dedo meñique.

No lo sé, pero me imaginaba el dolor ajeno y me daba un pequeño y singular pendiente con mi vida.

¿Cuándo podré irme al lugar que siempre he querido estar?

A veces me regreso a la época esa en la cual mi madre nos llevaba a su trabajo, yo me quedaba observandola por horas como atendía a otros niños que no era yo y como les decía que si seguían siendo buenos niños santa les traería todos los juguetes que ellos pidieran, yo observaba con atención, ellos lloraban porque querían un microonito de esos de 1500, yo al momento de observar me subía los lentes ya que se resbalaban de mi nariz achatada y tomaba mi guitarra y le decía a mi madre: ya me voy, son las 5, ya comenzó mi clase. Esa era mi hora en la cual sabía que podía brindarle una satisfacción a ella y a mi misma al interpretar: “el andariego” canción favorita, una de las tantas de ella: mi mamá.

Mi madre me observaba y Dios te lleve me decía al partir.

Y así caminaba con una guitarra que era más grande que yo, eso de momento causaba risa entre las personas que me veían caminar, todos los días a las 5 y regresar a las 6, puntual, radiante. Hoy me rehúso a olvidar.

Cuidado!

Grito MI Madre, y es que casi me atropellaban por ir recolectando circunstancias que ya pasaron pero que forman parte de mi personalidad, de esas extrañas que exigen mucho a la hora de dejarse querer.

Me subí al carro, mi padre nos encontró en el camino, la lluvia no cesaba, sospechamos que nieve vendría, pasamos por la catedral de mi ciudad, las dos torres que adornan el recinto parecieran esconderse tras esas nubes grises, grandes, y el parabrisas sonaba con singularidad el vidrio delantero.

Llegamos a casa, abro rápido mi puerta, quiero ayudar a mi madre a bajar del automóvil, quisiera que el tiempo no siguiera, que los dolores físicos de ella desaparecieran con tan solo tronar mis dedos tal cual.

Y vuelvo al pasado, en dónde la imagen de mi madre de cabello negro, largo, risa de esa que aún conserva, siguiera en su rostro, que esa imagen siguiera siempre en mi, que sus piernas aquellas con las cuales da alegría siguieran en su ser.

Son muchas cosas que hoy quisiera, que la lluvia pasajera siguiera en mi corazón, que todos aquellos que dicen querer se fijarán más en los detalles pequeños que la vida nos tiene.

Mi madre fuerte, sonriente, ella está en mi siempre.

Bendita sea la mente que toma fotografías de instantes pasajeros, porque así puedo conservar la de mi madre.

Vamos a darle al tiempo como venga.

Que fuerte es mi madre.

1 comentario:

  1. Una maquina del tiempo; si vivimos consientes de que todo esto de la vida tiene repercusiones eternas, para mi no es una concideracion, vivir de otra forma seria una mentira, hasta donde podemos hacer memoria el hombre no ha salido de la tierra… y es porque la vida es eso, dentro de una esfera…

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