Son mis piernas delgadas, mis uñas lastimadas y quebradas,
mis manos cansadas y deseosas.
No hablamos, sòlo gemimos mientras nos cruzamos, mi cabeza està en tus pies.
¿Quièn te diò permiso de abrirme asì la piel?
De inducirme, contagiarme, de envenenarme con tu lengua mis ojos, mis labios colmados
de placer, de ti.
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