Te vas y me dejas con la sensibilidad en mis manos.
No soy yo quien recibe tus silencios, soy tan solo una parte de ellos.
Me dejas encorbada en mi lecho, con la espalda descubierta y el cabello destrozado,
Me dejas asì con la mirada retorzida en los roces de mi almohada.
Llorosos, atònitos ante tu partida.
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